El dinero deshace la genialidad

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“Una gran idea nunca alcanzará el éxito sin una gran dirección” (Arthur rock), dicha cita podría aplicarse al caso del cine espñol. Para la realización de una buena película es necesario contar con un presupuesto generoso; especial relevancia tiene la “intromisión” de Televisión Española y sus derechos de emisión de películas españolas ya que dispone de un partida presupuestaria de 2000 millones de pesetas para la compra de películas españolas, como se sabe, una parte de la financiación de una película se establece por derechos de emisión, las dos partes restantes proviene de ayudas oficiales principalmente del MEC y de las inversiones privadas, todas estas instituciones pretenden fomentar la industria cinematográfica española.

Las cuestiones anteriores pueden plantear diversos interrrogantes ¿Qué incita a los productores a financiar largometrajes? Quizás la confianza en un director, en un guión y su hilo argumental… sea cual sea el factor W estoy segura de que escasea. ¿Qué puede esperar un productor de películas como “Todas Hieren” o “Jardines Colgantes” cuyas cifras de espectadores y recaudación fueron de 2.519->1.708.177 ptas. y 657-> 203.483 ptas. respectivamente.?

Si la producción parece un escollo insalvable debido principalmente a cuestiones económicas y sociales no menos relevante resulta la distribución, entre 1984 y 1996 se contabilizaron 67 películas nonatas en su mayoria óperas primas que no vieron la luz al público. Necesario resulta destacar que un productor español recibe como ayuda a la amortización una cantidad equivalente al 15% de los ingresos brutos en taquilla que obtengan durante los dos primeros años de exhibición en España, siempre que no se trate de películas de nuevos realizadores ni películas experimentales y cumplan los  requisitos establecidos por la ICAA……. en fin la enumeración de leyes sería interminable y su complejidad establecidas por organismos como pueden ser el MEC y la ICAA lleva a una situación de desamparo a la mayoría de los productores y distribuidores. La paradoja aparece en el hecho de que cada año sa van realizando mayor cantidad de películas, salvo 1997 y la cuota de pantalla no crece proporcionalmente e incluso disminuye (caso del 2000 con un 9,9%). Resulta inútil que se concedan subvenciones a los proyectos y que se aprueben diferentes leyes para proteger nuestro cine cuando se sigue estrenando una película española por cada cuatro americanas, nos enfrentamos a un problema de rentabilidad y viabilidad que nos va a llevar a la ruina.

Una de las posibles soluciones ante la tamaña magnitud del descalabro del Séptimo Arte español sería la conveniencia de la realización de diversos estudios de mercado sobre las preferencias de los consumidores, porque al fin y al cabo una película es una pequeña “empresa”. Con todo ello no pretendo realizar una crítica al complejo entramado de la economía cinematográfica  y sus adyacentes sino expresar con las siguientes letras mi agradecimiento a todos aquellos profesionales que hacen posible la realización de largometrajes y cortometrajes Made in Spain para que sigan teniendo la suficiente moral e ilusión y continuen haciendo cine: algo que llaman espectáculo y que se reduce realmente a un puro negocio, pero que a pesar de todo seguirá siendo una de las expresiones de la cultura de un país.