Las razones de mis amigos, una película para ver antes de morir

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Tres amigos de hace quince años, uno de ellos necesita dinero… para un proyecto de mejora de su empresa. Los amigos están para algo, ¿no? Bueno, son… ocho millones, a cuatro cada uno… Los dos se lo prestan, pero… El desarrollo de todo este pero… es precisamente Las razones de mis amigos. Un pero que encierra comentarios como que “si presto el dinero porque me siento obligado o por no quedar mal”, es que para mejorar mi (ambicioso) negocio… Este préstamo encierra mucho más: saca a la luz las verdaderas personalidades de tres personajes, Santiago (Joel Joan), Marta (Marta Belaústegui) y Carlos (Sergi Calleja): en nombre de la amistad se hace todo, incluso videos xxx… pero cuando hay dinero de por medio y hay que privarse de “ciertas” cosas…

La película se basa en una buena idea de puesta en escena: los encuentros, una vez al mes, de tres personas en el mismo sitio (un bar), y a una misma hora. La película podría dividirse en capítulos que abarcarían cada uno de esos encuentros. Tres vidas que se ponen en común en apenas unas horas al mes, en lo que dura una comida, en un momento muy reciente de importantes cambios políticos en nuestro país, la histórica vuelta de la derecha al poder. Este acontecimiento, en principio, no tendría tanta importancia si no fuera por el hecho de que los tres protagonistas son unos de tantos treinteañeros, universitarios intelectualmente inquietos, que se vanagloriaban de progres, rojos y de cambiar el mundo durante la Transición ahora convertidos en auténticos capitalistas, gente bien que ahora maneja millones… Santiago y Marta conceden el préstamo a Carlos a regañadientes. Éste va viéndose obligado a posponer la devolución del préstamo, al tiempo que su estabilidad y honestidad profesional y sentimental se van deteriorando seriamente. Mientras tanto, Santiago ha abandonado a su hippie novia y se ha liado con una rica profesora divorciada y con crío, dando Másters –algo que chocaba de plano con sus principios-, Marta sufre una fuerte crisis en su matrimonio, que acaba en separación: su marido quiere comprar una casa fuera de Madrid, está harto de vivir de alquiler y quiere tener hijos, unos planes que, por el momento, no encajan con lo suyos. El film, en apariencia, transcurre sin brusquedad, como la vida cotidiana, pero el poso que encierra es muy amargo. El préstamo, ironías del destino, no sirve para nada, ni consigue recuperar la empresa de Carlos, que definitivamente va a pique, ni la devolución satisface a Santiago y a Marta.

Otra de las virtudes de la película es la ausencia de maniqueísmo en los personajes. Son sensatos, piensan y dudan mucho, aunque al final acaben cediendo: Santiago se resiste hasta última hora a dar el Máster, pero el dinero sienta siempre tan bien…; por su parte, Marta tiene miedo a todo: a tener hijos, a perder el (sustancioso) trabajo en el Ministerio… Carlos, el más directo y el que parecía más seguro –algo en lo que le envidiaban Santiago y Marta, especialmente esta última-, acaba separado, con un trabajo menos privilegiado –tampoco es que fuera a recoger cartones, pero el paso de jefe a subordinado no debe de hacerle mucha gracia-, enemistado con su mejor amigo y principal socio en la empresa y con un hijo cuya custodia tendrá que compartir…

¿Qué impresión tenemos de ellos? Santiago es uno de tantos que critica a los ricos y que en el fondo les envidia y querría ser como ellos –incluso oculta a sus amigos el viaje de luna de miel (nada menos que) a Bali-. Marta, que buscaba en el préstamo la coartada perfecta, la justificación para no compartir las ideas de su marido -algo que él mismo se lo reprocha- impulsada por el amor a su marido (¿o el miedo a la soledad?) terminará por cambiar de opinión. Carlos, obsesionado por sacar a flote su empresa, se aísla y echa a pique su matrimonio.

Incluso el último encuentro –y final- de la película, tiene algo de amargo, pese a que, en fin, las cosas no acaban del todo mal. La vida sigue. Santiago va a casarse, pero parece que no quiere que sus amigos aparezcan por la ceremonia. Marta está embarazada, pero no parece excesivamente contenta… Carlos le pide un nuevo favor, casi con un valor simbólico- en esta ocasión menos comprometido –que ella acepta- que le ayude a colocar a un antiguo empleado suyo, un pobre muchacho con proyectos de vida en común que, al cerrar la empresa, se ve obligado a vender sus acciones y de cabeza al paro…

Para finalizar, me gustaría destacar el excelente trabajo de los actores, con una mención especial a una de mis actrices favoritas, Lola Dueñas, en su papel de Ainhoa, la sensata y algo sufrida esposa de Carlos que sabe plantear a su marido los problemas con discreta naturalidad.

Garci y los oscar

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Recientemente nuestra Academia de Cine y Artes y Audiovisuales ha designado You’re the one, la última película de José Luis Garci, como la elegida para representar a España en los Oscar de Hollywood.

Garci, cuenta en su haber con doce películas como director de las que ocho han sido elegidas en diversas ocasiones, para representar a España en la ceremonia de los Oscar, y en cuatro ocasiones logró llegar hasta la criba final. La primera fue en 1982 con Volver a empezar, con la que el director consiguió la primera estatuilla para nuestro país. Tres veces más – Sesión continua, 1984; Asignatura aprobada, 1987 y El abuelo, 1998- fue nominado sin mayores resultados. Habrá que esperar la decisión de los académicos de Hollywood para ver si esta edición supone la quinta nominación para el director y quizá su segundo Oscar.

Bien es cierto que la mayoría de los directores españoles que consiguieron ser nominados en este apartado no lo fueron en una sola ocasión, recordemos los dos intentos de Rovira Beleta –Los Tarantos, 1963 y El amor brujo, 1967-; los de Jaime de Armiñán – Mi querida señorita, 1972 y El nido, 1980- o del propio Almodóvar que tras la decepción de Mujeres al borde de un ataque de nervios en 1988 logró en la última edición el premio con Todo sobre mi madre. Caso aparte es Buñuel que tras dos nominaciones por España – Tristana, 1970 y Ese oscuro objeto del deseo, 1977- consiguió el Oscar en 1972 con El discreto encanto de la burguesía película producida por los franceses.

Sin embargo ningún caso es comparable al de Jose Luis Garci, quizá su desmedido amor por los , especialmente el clásico, le hace congeniar con los gustos de los académicos. Hay que reconocer que el cine del director madrileño no se parece a ningún otro que se realizan en nuestro país: las cuidadas puestas en escena, la introducción del sonido en posproducción con el doblaje de los personajes, los argumentos que rayan lo folletinesco e incluso sus incursiones en el cine negro. En You’re the one por primera vez utiliza sonido directo, sin embargo, renuncia al color y traslada la acción, como viene siendo habitual, en una época pasada concretamente en la posguerra española, acentuando de esta manera su gusto por el clasicismo americano y aquellos memorables melodramas de los años 50.

Lo que cabría preguntarse es por qué si Garci hace un cine que poco tiene que ver con el español, la Academia continúa eligiéndolo para representar a nuestro cine fuera de nuestras fronteras. Quizá se valora más el hecho de conseguir un premio aunque ello signifique imitar un estilo ya establecido y que triunfa en todo el planeta, que defender nuestra propia identidad. De otro modo no se explicaría como en la edición de los premios Goya de 1998 – premios que deciden los miembros de nuestra Academia, no lo olvidemos- El abuelo fue la gran perdedora con tan sólo el galardón de Fernando Fernán Gómez, para luego ser elegida como la película de mayor calidad del año y que, por tanto, nos representaría en los Oscar.

Sólo cabe esperar que los conservadores electores americanos vuelvan a coincidir con Garci nuevamente y la película consiga ser nominada y opte al afamado Oscar, pero eso no se sabrá hasta el próximo 13 de febrero (martes para más señas). Que haya suerte y el “cine español” logre un nuevo premio.

El dinero deshace la genialidad

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“Una gran idea nunca alcanzará el éxito sin una gran dirección” (Arthur rock), dicha cita podría aplicarse al caso del cine espñol. Para la realización de una buena película es necesario contar con un presupuesto generoso; especial relevancia tiene la “intromisión” de Televisión Española y sus derechos de emisión de películas españolas ya que dispone de un partida presupuestaria de 2000 millones de pesetas para la compra de películas españolas, como se sabe, una parte de la financiación de una película se establece por derechos de emisión, las dos partes restantes proviene de ayudas oficiales principalmente del MEC y de las inversiones privadas, todas estas instituciones pretenden fomentar la industria cinematográfica española.

Las cuestiones anteriores pueden plantear diversos interrrogantes ¿Qué incita a los productores a financiar largometrajes? Quizás la confianza en un director, en un guión y su hilo argumental… sea cual sea el factor W estoy segura de que escasea. ¿Qué puede esperar un productor de películas como “Todas Hieren” o “Jardines Colgantes” cuyas cifras de espectadores y recaudación fueron de 2.519->1.708.177 ptas. y 657-> 203.483 ptas. respectivamente.?

Si la producción parece un escollo insalvable debido principalmente a cuestiones económicas y sociales no menos relevante resulta la distribución, entre 1984 y 1996 se contabilizaron 67 películas nonatas en su mayoria óperas primas que no vieron la luz al público. Necesario resulta destacar que un productor español recibe como ayuda a la amortización una cantidad equivalente al 15% de los ingresos brutos en taquilla que obtengan durante los dos primeros años de exhibición en España, siempre que no se trate de películas de nuevos realizadores ni películas experimentales y cumplan los  requisitos establecidos por la ICAA……. en fin la enumeración de leyes sería interminable y su complejidad establecidas por organismos como pueden ser el MEC y la ICAA lleva a una situación de desamparo a la mayoría de los productores y distribuidores. La paradoja aparece en el hecho de que cada año sa van realizando mayor cantidad de películas, salvo 1997 y la cuota de pantalla no crece proporcionalmente e incluso disminuye (caso del 2000 con un 9,9%). Resulta inútil que se concedan subvenciones a los proyectos y que se aprueben diferentes leyes para proteger nuestro cine cuando se sigue estrenando una película española por cada cuatro americanas, nos enfrentamos a un problema de rentabilidad y viabilidad que nos va a llevar a la ruina.

Una de las posibles soluciones ante la tamaña magnitud del descalabro del Séptimo Arte español sería la conveniencia de la realización de diversos estudios de mercado sobre las preferencias de los consumidores, porque al fin y al cabo una película es una pequeña “empresa”. Con todo ello no pretendo realizar una crítica al complejo entramado de la economía cinematográfica  y sus adyacentes sino expresar con las siguientes letras mi agradecimiento a todos aquellos profesionales que hacen posible la realización de largometrajes y cortometrajes Made in Spain para que sigan teniendo la suficiente moral e ilusión y continuen haciendo cine: algo que llaman espectáculo y que se reduce realmente a un puro negocio, pero que a pesar de todo seguirá siendo una de las expresiones de la cultura de un país.